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“Engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y sin remedio. ¿Quién lo conocerá?” Jeremías 17:9

Nada es más engañoso que el corazón del ser humano. Es egoísta, orgulloso, emotivo y está contra el corazón del Dios. Muchos están engañados y sufren las consecuencias de las decisiones que toman guiados por este corazón perverso.

Aprendamos con Uza, David y Obed-edom. Todos creían en Dios pero cada uno tenía una clase de corazón diferente.

“Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios y la sujetó, porque los bueyes tropezaron.” 2 Samuel 6:6

Primer Grupo: Los bien intencionados

Uza era un hombre destacado en su época, que tenía fe en Dios y buenas intenciones. Sin embargo, creía a su manera. Pensaba que el Arca de Dios (que representaba la Presencia de Dios), necesitaba de una mano, de amparo de hombres. Cuando los bueyes tropezaron y el Arca tambaleó, se dejó llevar erróneamente por lo que vio, extendió la mano y, engañado por su corazón, tocó el Arca.

Así, muchos evangélicos son engañados por el corazón. Se sienten bien pero no practican lo que escuchan (otros, ni siquiera entienden lo que escuchan). Piensan: “voy a hacerle un favor a Dios”. Dios no necesita favores. Orar, leer la Biblia, buscar a Dios, dar el diezmo, ofrendar, venir a la iglesia no son favores hechos a Dios sino a uno mismo. Son favores para nuestra alma. Aunque usted no cometa ningún pecado hasta el fin de su vida, no podría pagar lo que Jesús hizo por usted.

“Entonces el furor del SEÑOR se encendió contra Uza, y Dios lo hirió allí por el atrevimiento. Y murió allí, junto al arca de Dios.” 2 Samuel 6:7

El Arca de Dios fue usada para librar al pueblo de la esclavitud. Su presencia abrió el río Jordán. Las murallas se cayeron cuando rodeadas por el Arca. El pueblo de Israel venció 7 naciones más poderosas guiados por el Arca. ¿Y por qué no libró a este hombre? Porque a Dios no le agradan las buenas intenciones simplemente. A Dios le agrada la fe.

El infierno está lleno de personas que tenían buenas intenciones. Las iglesias también están llenas de gente con buenas intenciones, pero aún con buenas intenciones, están caídos y muertos. Desanimados. Postrados. Tarde o temprano desaparecen de la iglesia.

A este grupo de gente las engaña el corazón, que es religioso. Deberían ser sinceras con ellas mismas y con Dios: “Dios, Tú no necesitas que Te den una mano, yo necesito todo de Ti. Necesito que me ampares.”

Son reprobados porque no asumen ni usan la fe. Si Uza hubiese usado la fe, no habría muerto.


Obispo Júlio Freitas
Te Veo en el Altar ó en las Nubes

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